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Decisión en Tiempos Turbulentos

Francisco Avendaño, emprendedor antofagastino

 

En estos tiempos turbulentos, donde la política se entremezcla con las necesidades apremiantes de la ciudadanía, es crucial tomarse un momento para reflexionar sobre la dirección que estamos tomando como comunidad en Antofagasta. La dinámica política de nuestra región no se limita sólo a lo que vemos en los titulares de los medios de comunicación; se refleja también en nuestras conversaciones cotidianas, en las expectativas de los ciudadanos y, sobre todo, en las acciones de aquellos que han sido elegidos para representarnos.

 

La política, en su esencia más pura, debería ser el arte de servir al bien común, de fomentar el avance colectivo, garantizar la equidad y justicia para todos los habitantes. Sin embargo, en demasiadas ocasiones, parece haberse desviado de este noble propósito, sumiéndose en disputas personales y perpetuando un status quo que obstaculiza un cambio genuino y significativo.

 

En Antofagasta, al igual que en muchas otras localidades, nos enfrentamos a desafíos que requieren respuestas urgentes y soluciones innovadoras. Desde la imperiosa necesidad de abordar problemas de seguridad, educación, salud primaria e incluso infraestructura, la agenda local abarca una amplia gama de temas que requieren atención prioritaria.

 

En el panorama político actual de Antofagasta, se observa un cambio preocupante en el enfoque de las discusiones. En lugar de abordar temas de fondo y proponer soluciones concretas para el desarrollo y crecimiento de la ciudad, la atención se desvía hacia cuestiones superficiales.

 

Este cambio de rumbo ha generado una dinámica en la que los candidatos dedican más tiempo a resaltar los errores o debilidades de sus oponentes que a presentar una visión clara y detallada de cómo piensan abordar los problemas que enfrenta Antofagasta. En lugar de ofrecer propuestas sustanciales y debatir ideas, la atención se desvía hacia críticas a la gestión pasada, lo cual no sólo distrae de los verdaderos problemas, sino que también mina la confianza de los ciudadanos en el proceso eleccionario.

 

Es hora de que nuestros líderes políticos dejen de lado las diferencias y se centren en trabajar en conjunto por el bienestar de todos los antofagastinos. Sin embargo, la responsabilidad no recae únicamente en los hombros de nuestros gobernantes. Como ciudadanos, también tenemos un papel activo que desempeñar en la construcción de una sociedad más justa y equitativa. Debemos participar activamente en los procesos democráticos, exigir transparencia y colaborar con nuestras autoridades para encontrar soluciones a los problemas que nos afectan a todos. Debemos también hacernos responsables de las autoridades que tenemos, nuestra responsabilidad también está en las urnas.

 

En este sentido, la sociedad civil organizada tiene un papel crucial que desempeñar. Desde las organizaciones comunitarias hasta los movimientos sociales, pasando por las instituciones académicas y el sector privado, todos tenemos un rol que desempeñar en la construcción de un Antofagasta más próspero y justo.

 

En última instancia, el destino político de Antofagasta está en nuestras manos. Podemos optar por seguir por el camino de la división y la confrontación, o podemos elegir unirnos en pos de un objetivo común: el bienestar de nuestra comunidad. La elección es nuestra, y el tiempo para actuar es ahora.

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