Ciento cuarenta y cuatro niños, niñas y jóvenes, cuyas edades van desde los 11 a los 22 años.
Noventa son hombres. El resto mujeres. Dos de ellos viven en situación de calle. Veinte tienen
diagnóstico de neurodivergencia –esto es dilexia, autismo, dispraxia, discalculia y trastornos del
especto autista– y otros 20, diagnóstico de salud mental. El 41% por ciento no cuenta con apoyo
familiar para estudiar; 55% declara consumir algún tipo de droga y, de ellos, un 49% considera que
el suyo es un consumo problemático. Dos están en programas del sistema nacional de justicia
juvenil y 26 viven en residencias de protección del Estado. En jerga común, “son niños Sename”.
Veinticinco de ellos trabajan; sólo 7 de manera formal.
Ese es el grupo que, contra viento y marea, valientemente, el año 2023 buscaba retomar su
trayectoria educativa y lograr egresar de cuarto medio a través de un dispositivo diseñado para
ellos: las aulas de reingreso. Los 144 eran parte de 15 aulas de este tipo que Fundación Súmate
acompañó, durante 2023, en diversas escuelas regulares de las regiones Metropolitana,
Valparaíso, Maule, Biobío y Los Lagos.
¿Qué es un aula de reingreso?
Son espacios que se instalan dentro de cualquier escuela regular con una propuesta educativa
para que los niños y jóvenes que han salido del sistema escolar puedan volver y retomar la
educación. Son un oasis para el niño, niña o joven que ha vivido exclusiones educativas de todo
tipo, porque está concebida para él, para sus intereses, necesidades, problemas, motivaciones.
Comprender la complejidad de niños y jóvenes que han vivido exclusión escolar implica
comprometerse con un proceso gradual que requiere mucha convicción, alta tolerancia a la
frustración, profesionalismo, mejora permanente, disposición al aprendizaje, perseverancia y
amor genuino.
El concepto nace, en 2017, en Súmate. Se genera en la escuela Talacanta, ubicada en la comuna de
Talagante y ya aparece validado en documentos del Ministerio de Educación en 2028. Este
gobierno, tras la crisis educativa generada post pandemia, se comprometió a crear 100 aulas de
reingreso en todo el país. Las aulas de reingreso son una solución económica, escalable, posible,
frente a un problema que ha aumentado -el abandono escolar-, aunque no esté oficialmente
contabilizado. Las últimas cifras oficiales son de hace varios años y hablan de unos 230 mil niños
fuera del sistema escolar. Hoy, sin saber quiénes son, ni cuántos son, ni dónde están, difícilmente
podremos darles la prioridad que necesitan.
En la actualidad existen 25 aulas de reingreso en los 17 servicios locales de educación. Están en
diferentes niveles de implementación. Nosotros como Fundación Súmate creemos que todos los
servicios locales deberían tener una oferta de reingreso. La ley mandata que toda la educación
pública debe ofrecer una propuesta educativa para todos y todas, con mayor razón para los que
han vivido experiencias traumáticas en escuelas que los han excluido. Han sido maltratados por
sus profesores, por sus compañeros, por otros apoderados.
Son niños que sienten que no los quieren, que los consideran tontos, flaites, complicados. En
suma, todo tiene que ver con la pobreza, la vulnerabilidad, la exclusión.
Los jóvenes buscan pertenencia, un lugar donde se los quiera. Y si eso se los da el padrino narco y
no se los da la escuela, lo van a tomar. Los jóvenes desescolarizados, que han salido por diferentes
motivos del sistema educativo, se topan a diario con la oportunidad de entrar a esos grupos de
pertenencia. Grupos negativos, como una banda delictiva, pero donde se sienten aceptados,
validados.
En Súmate creemos que el gran valor de la educación es que permite tener la capacidad de
identificar oportunidades y poder optar. Decir no a lo negativo, a lo riesgoso, a lo malo. La
educación da libertad, esa que no tienen muchos de estos niños y que nosotros como sociedad
tenemos la obligación de entregarles.