El episodio protagonizado por George Harris en el Festival de Viña del Mar 2025 ha sido objeto de múltiples interpretaciones, sin embargo, todas parecen centrarse en una premisa errónea: las pifias dirigidas al humorista venezolano es consecuencia de un conflicto xenófobo entre Chile y Venezuela. No obstante, una revisión más profunda del fenómeno nos conduce a una conclusión diferente: lo sucedido en la Quinta Vergara fue, en esencia, una evaluación estética de su actuación. El problema no radicó en su nacionalidad, sino en la falta de gracia de su presentación. Sin embargo, en un contexto caracterizado por tensiones migratorias y disputas narrativas entre ambos países, la pifia fue resignificada como una expresión política, a pesar de que su origen fue, fundamentalmente, humorístico.
Este fenómeno no es nuevo y posee explicaciones dentro del ámbito de la teoría sociológica: cuando un evento no se ajusta a los marcos narrativos predominantes, se le otorga un significado que no necesariamente se corresponde con su origen. En este sentido, la reacción natural de una audiencia insatisfecha ante un espectáculo humorístico fue interpretada dentro de un marco de conflicto internacional, transformando así una cuestión de risa en un problema de identidad.
El Sentido Común y la Estructura del Prejuicio
Para comprender este desplazamiento interpretativo, resulta útil recurrir a la obra de Stuart Hall y su teoría de la representación. Hall sostiene que los significados no son inherentes a los hechos, sino que se generan en el marco de discursos preexistentes. En otras palabras, la audiencia chilena en la Quinta Vergara no pifeaba a George Harris por su nacionalidad, pero dado que la migración venezolana en Chile ha sido un tema de alta fricción política y mediática, el abucheo se resemantizó como una expresión de rechazo hacia la extranjería.
Este fenómeno ejemplifica lo que Pierre Bourdieu denominaría una «estructura de percepción». El campo mediático y la opinión pública han diseñado un escenario en el que la relación entre Chile y Venezuela está marcada por tensiones discursivas. Como consecuencia, cualquier conflicto que involucre a ambos grupos es automáticamente interpretado a la luz de tal prisma, incluso cuando su causa real es ajena a la variable migratoria.
La Quinta Vergara como Espacio de Juicio Estético (y no Político)
Es fundamental no perder de vista la naturaleza del Festival de Viña del Mar: se trata de un espectáculo en el cual los artistas enfrentan un juicio inmediato y popular. El escenario de la Quinta Vergara no constituye un foro de debate ideológico ni un espacio de validación cultural, sino un lugar donde la audiencia reacciona visceralmente a lo que presencia en vivo.
Erving Goffman, en su obra «La presentación de la persona en la vida cotidiana», nos advierte sobre la relevancia de los «marcos de interacción» en los eventos públicos. En este contexto, el humorista se encontró en una situación donde el único criterio de éxito era provocar la risa. Harris no logró satisfacer tal expectativa, y la respuesta de la audiencia fue acorde a su desempeño. Su error no radicó en su nacionalidad venezolana, sino en su incapacidad para ser gracioso.
Resulta interesante observar cómo Harris interpretó la situación. Al responder con una actitud desafiante y confrontativa, asumió que su problemática no era la calidad de su actuación, sino el rechazo hacia su identidad nacional. Desde una perspectiva goffmaniana, Harris rompió la «definición de la situación», transformando un juicio estético en una controversia política.
La cuestión del nacionalismo reactivo y la construcción del conflicto
La interrogante fundamental es: ¿por qué esta lectura política captó tanto interés en la opinión pública? Para abordar esta cuestión, podemos recurrir al concepto de «nacionalismo banal» propuesto por Michael Billig. Este autor sostiene que, en épocas de estabilidad, el nacionalismo opera de manera sutil a través de símbolos y hábitos cotidianos. Sin embargo, cuando surgen disputas internacionales o migratorias, dichos elementos se reactivan y cualquier evento puede ser transformado en un episodio de tensión nacionalista.
El caso de Harris se ajusta perfectamente a esta lógica: un tropiezo que, en otro contexto, podría haber sido considerado una simple evaluación de su actuación, se convirtió en un síntoma del presunto antagonismo entre Chile y Venezuela. Esta percepción no se debía a que el conflicto estuviera realmente presente en el evento, sino porque la estructura narrativa ya estaba establecida en el debate público y solo necesitaba un detonante para activarse.
El humor como campo de disputa simbólica
Mijail Bajtín, en su obra «La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento», señala que la risa no solo es un medio de entretenimiento, sino también un mecanismo de regulación social. En el caso del Festival de Viña del Mar, la risa (o la falta de esta) operó como una forma de juicio público. Sin embargo, en un entorno en el que las identidades nacionales se encuentran en tensión, esta regulación humorística se transformó en un acto de disputa simbólica.
Harris no logró provocar la risa, y la audiencia lo sancionó por tal fallo. No obstante, en un contexto de sensibilidades exacerbadas, su fracaso cómico fue interpretado como un ataque a su identidad. Esta situación ejemplifica que, en una sociedad hipersensible a las disputas nacionales, incluso la risa (o su ausencia) puede convertirse en un terreno de conflicto.