Don Sergio Monroy, de 87 años, cierra la reja de su casa a alrededor de las siete de la mañana, cargando una bolsa de basura. A esa hora, a diario, sube el camión recolector por la empinada calle Buenos Aires y recorre los pasajes aledaños. La escena ocurre a pocos metros de la avenida Circunvalación, la que marca el límite entre el mustio cerro amarillo y el tejido urbano que desciende como una montaña rusa hacia el mar, en el sector centro alto de Antofagasta. Don Sergio camina a paso lento cuando siente el tirón en una de sus piernas. Suelta la bolsa para defenderse. En ese instante, los tres perros se abalanzan sobre él. Después aparecen otros tres más. Trastabilla. Cae. Los perros, de tamaño mediano, atacan sus brazos. El hombre se protege el rostro. Pide ayuda. Grita. Piensa que se va a morir. No siente el dolor de las mordeduras en sus extremidades. Son seis hocicos desgarrando su ropa y carne. Ve su sangre escurrir hacia al suelo. En ese momento, donde todo parece terminar, aparece un par de vecinos para socorrerlo. A piedrazos espantan a los canes. Detona el dolor y la cuenta regresiva para llegar al centro asistencial más cercano.
La historia la cuenta Don Sergio, con sus brazos vendados, desde la puerta de su casa, donde vive con su señora, que tiene Alzheimer.
A sus 87 años, este ex comerciante de un almacén de barrio se reconoce como un hombre ágil. No tenía mayores problemas de salud, dice, hasta que se encontró con los perros. Apunta los lugares donde se produjo el incidente. Mira hacia abajo de la calle y dice que los perros esperaron a que él saliera. Estaban arriba —indica la casa contigua donde la vereda se eleva siguiendo la forma del cerro—. No iban a las bolsas, dice, si no que a él. Había una deuda pendiente. Días atrás los había ahuyentado. “Y los perros no olvidan. Saben a qué a tal hora de la mañana, los vecinos sacamos de las casas las bolsas de basura”, afirma pausadamente con cierta resignación, mientras observa la escena. Reconoce que tuvo suerte. “Los perros pululan en un pasaje —apunta— y siempre están hambrientos. Comen de la basura”.
Levantando el brazo vendado, agrega: “Es una perra la que dirige a los perros. Son perros semi abandonados. La persona que los alimentaba ya no está, falleció, y quedaron en la calle donde nadie los asume principalmente por su ferocidad. Han atacado a muchas personas, principalmente a adultos mayores, incluso a la señora que los cuidaba. Ella estuvo un mes en el hospital. Con la gente joven no se tiran”.
Rosario Martínez, vecina del sector, afirma que los perros también la atacaron. “Fue horrible. Menos mal que me ayudaron prontamente”. Cinthia Santander, hija de una de las mujeres atacadas, es pesimista y dice los ataques van en aumento y en algún momento pueden atacar a un niño o a una guagua “y ahí sí que lo matan”, afirma con los brazos en jarra.
La historia de los perros abandonados que atacan a personas se repite en los sectores altos de Antofagasta, muchas veces debido a la falta de alimento de los canes. Sin embargo, la región de Antofagasta, cuenta con dos hechos con resultados fatales, uno en Sierra Gorda y el otro en San Pedro de Atacama.
El niño gitano
La señora Rosa camina lento sobre la arena. A mediodía, el sol aplasta el poblado de Sierra Gorda, ubicado a 147 kilómetros de Antofagasta. La señora Rosa es quien recuerda mejor la historia del gitanito, pues presenció, desde la ventana, cuando la madre halló a su hijo. El terrible hecho ocurrió en 2012, y puede decirse que está casi olvidado en un pueblo marcado por su flotación flotante minero, que no supera los mil habitantes, si no fuera por una pequeña animita.
En 2025, la señora Rosa confirma que en el pueblo de Sierra Gorda hay más perros que humanos y, lo peor, que la situación no ha cambiado. La señora Ana respira y luego afirma que los perros son lanzados a la zona por gente “mala” que transita entre Calama y Antofagasta. “Tirar un perro es como lanzar un pequeño demonio”, comenta. Al recuento de canes, dice que es necesario sumar a los perros abandonados por faenas mineras cercanas o empresas que hacen trabajos temporales.
Reconoce que de tanto ha sido cántaro al agua, que es partidaria de la eliminación de todos los canes, al igual que varios habitantes del lugar; seguidamente gesticula y dice que están atados de manos, pues en el país “los perros tienen más derechos que las personas”.
En la animita hay una cruz donde cabe una campanita hecha con pita. En una lámina de cobre está grabado el nombre del niño. La animita fue hecha por la gente del pueblo; pues los gitanos huyeron una vez que sucedió la tragedia.
Lo que más impresionó a la señora Rosa fue la imagen de los perros lanzando al aire el cuerpo del niño; parecía un muñeco, dice. Aclara que no alcanzó a hacer nada.
El niño, que estaba recién caminando, no sobrevivió a las heridas.
“San Perro” de Atacama
En el turístico San Pedro de Atacama, a 311 kilómetros de Antofagasta, a los ciclistas se les recomiendo tener cuidado con los perros -asilvestrados- en los lugares alejados. Por los senderos amarillentos se pueden alcanzar una serie de zonas de interés, pero lamentablemente “las mordeduras están a la vuelta de la esquina”, dice José, quien es garzón y trabaja por temporadas en el pueblo.
El relato de la muerte de Daniela Gamboa, sigue fresco. En octubre de 2023, Daniela, quien trabajaba de guía turística, fue hallada muerta tras ser atacada por una jauría. El testimonio quedó expuesto de manera dramática con una llamada de la hija a su padre, donde ella le cuenta que en ese momento sufre de las mordeduras. Empieza a gritas, y se corta la llamada. Otros dos casos fueron el de un niño de sólo tres años que sufrió la mutilación de una oreja en el sector del Pozo 3, y el de una turista brasileña que terminó hospitalizada de gravedad tras ser atacada cerca del cementerio. Ninguno de estos casos tiene responsable lisa y llanamente porque los perros no tenían dueño.
El problema dice, Víctor, quien trabajaba en turismo, es a quién culpar. Bromea y dice que al pueblo le dicen “San Perro de Atacama”. “Es un tema difícil. San Pedro tiene una cultura canina, por un lado, y por otro está quienes piden regular por los casos de ataques y su efecto en el turismo”, indica. Como antecedente, hasta el año pasado la cifra que manejaba la municipalidad en cuento a la cantidad de perros abandonados era de 4.500 -la cantidad de habitantes del pueblo es de al menos 5 mil personas-. Una solución propuesta por parte de la municipalidad fue una eutanasia masiva. De esta manera presentó un recurso de protección ante la Corte de Apelaciones de Antofagasta para solicitar a la Seremi de Salud que aplicara la eutanasia a miles de perros por tratarse de una “amenaza a la salud”. Sin embargo la Corte rechazó el recurso y entre otros aspectos, mencionó que la “municipalidad de San Pedro de Atacama se encuentra plenamente facultada para efectuar el retiro de los perros vagos que circulan por las vías públicas con el objeto específico de trasladarlos a caniles municipales”, y solo aplicar la eutanasia “frente a casos específicos de canes enfermos o gravemente heridos, cuya vida no es viable desde el punto de vista clínico”. Lo claro es que el problema persiste sin solución.
Víctor, por su parte, dice que seguirá recomendando a los turistas que tengan cuidado con los canes.
Campamentos
Vivir en un campamento en Antofagasta, poblados en su mayoría por migrantes, es el sacrificio de varios años que se debe pagar para optar a una cosa propia, pero aquello es otra historia. La señora Jimena, de expresivos ojos cafés, nos atiende detrás de las rejas de su casa. Junto a ella hay una perra Pitbull, la cual motivó la consulta. El campamento conocido como Villa Moisés se esparce a un costado de la avenida Circunvalación, en la falda de un cerro. Las calles son de tierra y cada tanto crece alguna árbol. Entremedio hay “perros comunitarios”, mezclas de todo tipo, recostados en la escasa sombra.
Jimena le dice a Brandon, un adolescente, que amarre al perro. Sadame es una perra Pitbull de no más de tres años. Es pequeña, de cuello grueso, pero delgada. Ladra. Muestra los dientes. Jimena afirma que la perra es necesaria para la seguridad. Brandon agrega que los perros de ese tipo (Pitbull) son comunes en el sector e inspiran respeto. Cuenta que a Sadame la criaron desde cachorra. Había sido abandonada cerca del campamento, en el sector de la quebrada La Cadena.
Jimena agrega que muchos extranjeros han traído perros desde sus respectivos países. “Aquí han llegado últimamente venezolanos que hacen el viaje con sus mascotas, en su mayoría Pitbull, por un asunto de protección”, acota Jimena.
Al igual que Sadame, que tuvo suerte, según cuenta Brandon, muchas veces estos perros de razas peligrosas como Pitbull, quedan abandonados en los alrededores de los campamentos, con todo el riesgo que significa para los vecinos y los otros perros. Pasan hambre y se ponen agresivos. Lo que es un secretos a voces en el sector alto de Antofagasta, es que el narcotráfico usa perros de razas peligrosas para su protección.
Sobre la posibilidad de que perros de razas peligrosas sean utilizados como escudos de narcos en los campamentos, desde la PDI de Antofagasta, aclaran que hasta el momento no existe un análisis formal que sustente que sean utilizados los mencionados perros “en lo campamentos o sectores altos como escudos para los narcos”. A la vez, indican que en cuanto a “contrabando de animales”, si bien es cierto se han dado casos, no son específicamente perros de razas peligrosas.
Abandono
Las fotos que envía Jeanette Berrios, quien lleva varios años rescatando perros de los sectores alto de la ciudad bajo la Fundación Rescatista Ecológica y Protectora de los Animales, FREPA, dan cuenta de jaurías con perros de distintos tamaños en los alrededores de Antofagasta, en las playas o en quebradas. La mayoría de estos perros, han logrado sobrevivir en el desierto, pues si hay algo que hoy tiene el desierto, además de cobre, es basura; demasiado alimento en descomposición que botan las ciudades y las faenas industriales. “Muchas perras en abandono no están esterilizadas y por eso tenemos una sobrepoblación de 13 años, sin ningún control naciendo camadas en el abandono”, asevera.
Indica que el acto de botar camadas de perros en sectores supuestamente “alejados de la ciudad”, ha provocado que crezca la población de estos en lugares como el mencionado, en la salida a Mejillones, costa Laguna, caleta Coloso, Salar del Carmen y especialmente en Roca Roja (sector sur de Antofagasta). “Los perros de Roca Roja, por ejemplo, se alimentan incluso de los restos de canes que entierran en el cementerio ilegal que se extienden por tres kilómetros en el lugar. En general, los perros cuando son abandonados se crían como animales salvajes y adoptan costumbres agresivas, principalmente por el hambre que pasan, hacia los mismos perros, al ser humano y a todo, en general, que pillan”, precisa.
Jeanette Berrios dice que el otro problema que genera la presencia de estos canes en la región es que también atacan a la fauna principalmente a zorros, guanacos y hasta los pelícanos. “La necesidad que surge es la esterilización de las perras y la castración en el caso de los perros. Es la única forma de poder controlar este problema que afecta actualmente a la ciudad”, afirma.
Problema
El biólogo y académico de la Universidad de Antofagasta, Carlos Guerra, precisa que, además de ataques de perros a personas, hay imágenes en Antofagasta de ataques a animales silvestres como lobos marinos, pelícanos y hasta un elefante marino. “A este último le arrancaron su aleta caudal (o extremidad posterior) dejando sus huesos expuestos”.
Dice que en la ciudad está todo el problema de la higiene o insalubridad en las calles, antejardines y parques producto de la existencia de fecas de los famosos «perros comunitarios, que son de todos, pero no son de nadie, un aspecto irracional de la pésima Ley 21.020 o “Ley Cholito”. Los efectos sobre los que transitan en bicicletas o en motocicletas, los que perseguidos por jaurías de perros callejeros sueles tener caídas o riesgos de accidentes de tránsito”. Karl Álvarez, de la agrupación de ciclistas “Antofacleta”, agrega que los ataques a ciclistas es constante en Antofagasta y se producen en todo lo ancho de la costanera, donde hay rucos y carpas que tienen canes.
Guerra afirma que en los casos inaceptables de ataques a personas con resultado de muerte, si bien están documentados, no se ha logrado que los culpables de haber elaborado la Ley 21.020 “manifiesten la intención de corregir su pésima e irresponsable labor legislativa”.
Como si fuera poco, sostiene que hay que agregar como conducta humana la supervaloración de mascotas, incluso por sobre la valoración de hijos. “Familias no tienen escrúpulos en pagar lo que sea para una curación o caros tratamientos a sus mascotas, pero para sus hijos, solo sacan un número y esperan que el Estado se los atienda sin costo para ellos, pero en listas de espera de varios meses. Luego, cuando muere una mascota, hay que darle «cristiana sepultura», pero para ello ocupan lugares públicos y generan interminables cementerios ilegales de mascotas a los costados de carreteras aledañas a ciudades, con todo el problema de higiene, proliferación de plagas y congregación de carroñeros como por ejemplo jotes. Estas aves, en lugares cercanos a aeropuertos ponen en serio riesgo la salida y aterrizaje de aviones, como sucede «documentadamente» en el aeropuerto de Antofagasta.
Mordeduras
Durante 2024, la región de Antofagasta ha registrado un total de 4.167 accidentes por mordeduras caninas, una cifra que evidencia la extensión de este problema en las nueve comunas de la región, según el seremi de Salud, Alberto Godoy. Como antecedente, en 2023, 3.887 personas fueron víctimas de mordeduras caninas.
Según el Sistema de Registro de Animales Mordedores, los datos proporcionados por la Red Asistencial detallan que el 66,9% de los casos (2.787 accidentes) involucran perros sin dueño identificado. En segundo lugar, el 21,4% de los accidentes (893 casos) corresponden a animales con dirección conocida, mientras que el 11,7% restante (487 accidentes) están asociados a perros ubicables solo en determinados sectores de la localidad.
Al respecto, Godoy destacó que la responsabilidad de estos ataques recae en los dueños de los canes, y subrayó que los incidentes causados por animales callejeros, sin dueño conocido, deben ser gestionados por las municipalidades para velar por la seguridad pública de los ciudadanos.
Desde la Municipalidad de Antofagasta, por su parte, precisan que para este 2025, hay proyectadas alrededor de 10 mil esterilizaciones y cerca de ocho mil implantes de microchip. El compromiso -explican- es reforzar el trabajo en el control de la población canina y felina, principalmente de aquellos que se encuentran en estado de abandono.
Don Sergio, en tanto, dice desde el sector alto de Antofagasta que teme sacar la basura de nuevo de su casa.
Recostados baja la sombra que proyecta una muralla de adobe, reconocemos a los perros que casi matan a Don Sergio. No parecen quiltros. Hay unos cinco perros anestesiados por el sol repartidos en el sector y semejan mezclas con pitbull, algunos más fuertes. En el medio está la perra, que debe ser la alfa. Hace un gesto como si olfateara el aire. Calculamos con Don Sergio que dos de esos pueden dejar a mal traer a cualquier persona, ni pensar en un niño o niña.